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Beladona
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Local: Algarve
Mensagem Enviada: Seg Ago 03, 2009 20:32     Assunto : TÁLIGA EM DUAS REFERÊNCIAS NO "HOY" DE BADAJOZ Responder com Citação
 
in: Carlos Luna
Date: 2009/7/26


TÁLIGA EM DUAS REFERÊNCIAS NO "HOY" DE BADAJOZ
26_Julho-2009
(inclui referências positivas a Carlos Luna!!!)

EL PAÍS QUE NUNCA SE ACABA POR
Táliga, otro pueblo promiscuo
Táliga ha cambiado de estatus siete veces a lo largo de la historia
Ha sido portuguesa y española, dependiente de Olivenza y municipio
independiente desde
1850
Olivenza se lleva la fama, pero Táliga también fue portuguesa hasta 1801.
En el pueblo quedan apellidos. chimeneas y otros recuerdos de su pasado luso
CUADERNO DE VIAJE
Cómo llegar: Desde Badajoz, a través de Olivenza. Desde Cáceres, Mérida o
Plasencia, se
puede ir por Badajoz o por la autovía A-5 hasta la salida de La Albuera, de
este pueblo a
Valverde de Leganés y de allí a Táliga por buenas carreteras.
Dónde comer: En Táliga se pueden tomar pinchos de callos, paella o tortilla
en el bar
Martínez, pero para comer conviene acercarse a Olivenza y conocer el
minimalismo
decorativo y el bacalao con miel, con nueces o al queso del restaurante
Kekomo, en
República Argentina, 11. En el bar Martínez nos recomendaron el restaurante
Poli de
Alconchel, en plena carretera. Digan que van de parte de Martínez, es su
cuñado.
Se cree que Táliga desapareció varias veces en Extremadura y una en Brasil
Apellidos taligueños como Fariña e Isaac aparecen en Portugal y otros lusos
como Almeida
o Calaco se dan en Táliga
El sábado que visitamos Táliga lloviznaba y hacía fresquito, aunque ya
estaba la
primavera cumplida. Hemos vuelto a pasar por allí este mes de julio a la
hora de la
siesta y el pueblo, blanco y apaisado, estaba quieto, como si no quisiera
sudar. Y
volvimos a pasar por allí porque Táliga es un buen atajo para ir desde
Cáceres, Mérida o
Don Benito a la zona portuguesa de Reguengos, de Moura, de Alqueva. Es
decir, sigue
ocupando una posición relativamente estratégica y no deja de ser un cruce de
rutas.
Quizás sea esa la razón de que este pueblo pequeñito de 823 habitantes
(censo de 2008),
tenga su historia y su importancia. ¿Porque qué demonios se le puede haber
perdido a un
turista en Táliga si ni siquiera tiene restaurantes? Pues la historia: un
ejemplo de
tierra extremeña de ida y vuelta que fue portuguesa de 1228 a 1297; estuvo
en terreno de
nadie, indefinida, hasta 1314; volvió a ser portuguesa hasta 1383;
castellana desde ese
año hasta 1390; otra vez lusa hasta 1658, española de nuevo durante 10 años,
y otra vez
portuguesa hasta 1801, año en que pasa definitivamente a España.
Desde siempre tuvieron los taligueños fama de bravíos y de ello pueden dar
fe los dos
pueblos contra los que fue fraguando su destino y sus señas de identidad.
Por un lado
Alconchel, con el que mantuvo hostilidades belicosas y sangrientas, sobre
todo en el
siglo XVI, y por el otro, Olivenza, de quien dependían y de quien siempre
quisieron
diferenciarse: afirmándose, primero, como «vecinos libres de Táliga, reino
de Portugal»;
consiguiendo, después, tener justicia autónoma, y alcanzando, finalmente, la
independencia municipal en 1851.
Pasear por Táliga una mañana de sábado tiene su gracia. A eso de las 11, el
pueblo
empieza a cobrar vida. A esa hora, en el bar Martínez varios hombres juegan
la partida.
Los jóvenes están en el campo de fútbol y las madres aguardan en sus casas
los sonidos
del sábado. El primero que se escucha es el del afilador. Las señoras se le
acercan con
cuchillos y tijeras y el pueblo cobra vida.
Al instante, una invasión de furgonetas convierte las plazas y calles
fundamentales en un
supermercado andante. Por aquí suena el claxon del coche de la panadería
Nuestra Señora
de Gracia. Por allá estaciona el repartidor de verduras y frutas, que nos
vende dos kilos
de naranjas de zumo y nos cuenta que reparte cada semana en seis pueblos de
la comarca.
En la plaza despacha roscas y mantecados la furgoneta de dulces porrineros
de Salvaleón y
un furgón lleno de ropa hace las veces de boutique móvil en una esquina.
Las mujeres salen de sus casas con sus bolsas de comprar. Son casas de
labradores
antiguos, con puertas falsas y argollas en las paredes. Las hay de estilo
alentejano, con
grandes chimeneas, que recuerdan el pasado de la localidad. A la plaza de la
iglesia ha
llegado el diseño urbano en forma de butacones callejeros de acero y madera
y en el bar
La Guarida se toma café. Frente al súper Tandy, detrás de la iglesia, ha
aparcado el
repartidor de chorizos Breva, de Valverde de Leganés, y una comitiva
asciende camino de
la iglesia. Van a celebrar una misa en conmemoración de la llegada a Táliga,
hace 50
años, de la congregación de María Auxiliadora.
Vida sencilla de pueblo: la compra, la misa, la taberna, el partido de
fútbol. En el bar
Calaco toman cerveza los directivos del equipo visitante. A un paso de allí,
en un cerro,
la ermita de la patrona permite tener visión de conjunto del pueblo y en el
bar Martínez
nos hablan de Carlos Luna, un historiador portugués que es quien mejor
conoce el pasado
del pueblo. Sus datos nos orientan.
Parece ser que Táliga fue conquistada por los templarios portugueses en
1228. Táliga y
Olivenza serán templarias hasta la desaparición de esta orden y luego
pasarán a la orden
de Avis. Aunque Táliga tendrá unos años de indefinición hasta que en 1314
sea reconocida
como portuguesa. También es indefinido el origen de su nombre: ¿Viene del
árabe talaq,
que quiere decir separada, por haber dejado de depender de Alconchel en
tiempos de la
dominación árabe. Vendrá de talega o saca por producirse en el pueblo mucha
harina que
era metida en sacos? Es curioso que las personas mayores del pueblo aún lo
llamen Talega.
El censo de 1527
El primer censo de Táliga se hace en 1527 y cuenta unos 220 habitantes, que
eran
bastantes para la época y dan fe de la importancia de este lugar dependiente
de Olivenza,
que en ese censo aparece con 4.800 habitantes, mientras que Elvas ya llegaba
a los 8.800.
También hoy goza Táliga de una interesante pujanza demográfica. 736
habitantes tenía en
1991, diez años después contaba con 762 y 823 alcanzaba en 2008. Aunque su
evolución es
la misma que la de la mayoría de los pueblos extremeños: en 1950 llegó a
contar con 1.200
vecinos, pero la emigración hizo daño.
Táliga es pequeñita, pero tiene de todo: campo de fútbol, pista
polideportiva, piscina
municipal, cancha de tiro al plato, casa de cultura, agencia de lectura,
universidad
popular, colegio público. La construcción ocupaba al 29'1% de la población
activa y,
consiguientemente, la crisis afecta al pueblo. Los otros dos grandes
'empleadores' eran
en 2007 la agricultura (37'7% en 2007) y los servicios (26'5%).
Táliga siempre destacó por sus molinos de harina. De hecho, el apellido
Fariña es muy
taligueño. Según el historiador Carlos Luna, se puede rastrear este
apellido, al igual
que el también taligueño de Isaac, en pueblos alentejanos como Borba,
Alandroal o
Reguengos. Quizás se deba a que los taligueños, muy castigados por las
guerras
hispano-portuguesas, emigraban a Portugal cada vez que la villa era atacada,
ocupada y
destruida. Por el contrario, en la guía de Táliga aparecen numerosos
apellidos
portugueses o de origen portugués.
La lengua portuguesa, que hace 50 años era bastante común en Táliga, se
hablaría
actualmente por el 10-20% de la población y solo en privado, en familia,
según estima el
historiador Carlos Luna, que aboga por la recuperación en la escuela de la
lengua
histórica del pueblo. También podrían recuperarse, aunque solo fuera una
copia, los
registros parroquiales taligueños de los siglos XVII y XVIII, actualmente
conservados en
la biblioteca de Elvas.
El carácter de ida y vuelta de Táliga lo convierte en un pueblo promiscuo,
que son
aquellos que a lo largo de la historia han cambiado de nación. Además del
caso de
Olivenza, en España tenemos los de San Felices de los Gallegos en Salamanca,
que fue
portugués, o Lama d'Arcos, Cambedo y Soutelinho, que pertenecieron al
ayuntamiento
ourensano de Verín hasta 1864, en que pasaron a depender de la cámara
municipal potuguesa
de Chaves.
Esos tres pueblos se entregaron a Portugal a cambio de la españolidad de
otros tres
pueblos indefinidos que formaban la Andorra gallego-trasmontana del Couto
Mixto:
Santiago, Rubiás y Meaus. Táliga también fue territorio indefinido entre
1297 y 1314.
Después fue promiscuo. Hoy es un pueblecito extremeño con su equipo de
fútbol, sus
vendedores ambulantes, sus casas alentejanas y un pasado orgulloso y
vibrante que no
debería olvidarse nunca.



REGIONAL
La Virgen robada... o no
26.07.09 -
A. | DE LA T.


Táliga es un pueblo lleno de mitos, leyendas y desapariciones que podrían
ser motivo de
interesantes investigaciones. Para empezar, se cree que el pueblo fue
reconstruido varias
veces en lugares diferentes, pero no se sabe qué lugares son esos. También
es creencia
común que en el pueblo hubo un castillo. No quedan vestigios de la
fortaleza, pero sí
existe un barrio llamado precisamente El Castillo, que es donde hay más
casas construidas
siguiendo las líneas de la arquitectura popular alentejana. Más
desapariciones: en
Brasil, en el estado de Piauí. hubo un pueblo llamado Táliga, se supone que
fundado por
vecinos del pueblo que marcharon a Brasil con una expedición portuguesa.
Pero el Táliga
brasileño ha desaparecido, aunque a lo mejor solo cambió su nombre durante
el siglo XIX.
Otra desaparición: la lengua portuguesa. Hasta mediados del siglo pasado era
hablada por
una gran parte de la población, hoy es difícil encontrar ni tan siquiera
restos de
portuñol.
Pero de todos los mitos locales, el más popular, y también el que más daño
ha hecho a la
imagen de los portugueses en el pueblo, es la creencia de que fueron ellos,
los
portugueses, quienes robaron la imagen de la Virgen de los Santos, patrona
de Táliga. La
imagen actual habría sido traída y regalada por los castellanos después de
la conquista
del lugar en 1801. Pues resulta que es una mentira con claro interés
político. Hace tres
años, la imagen fue restaurada en el taller de Luis Peña en Llerena y el
propio
restaurador informó que por la madera, el policromado y las pìnturas, la
imagen era la
primera, la auténtica del siglo XVI, realizada por artesanos portugueses.
Por lo tanto,
nunca fue robada y tampoco se trata de un regalo recibido tras la conquista
española.
 
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